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Persiguiendo al jabalí

Vaya de antemano que no soy cazador, aunque no descarto que de aquí un tiempo y bajo la tutela de un buen arquero pruebe esta posibilidad del tiro con arco que se la caza con arco. Ahora apenas empiezo a iniciarme en el seguimiento de las señales que deja el jabalí en su “paseo” por el bosque.

El caso se que me acerqué a un bosque conocido por mí a la zona de la comarca de la Anoia (Barcelona, Catalunya) y empecé a buscar marcas. Tras unos treinta minutos de buscar y ver algunas huellas medio borradas encontré el que buscaba, un pequeño charco dónde se podían ver muchos huellas de jabalíes, pequeños y grandes y el mes importante por mí, el rastro que iban dejando los cerdos en forma de marcas de barro en los árboles mientras se adentraban al bosque.

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Eric Adams, cantante de Manowar y cazador-arquero

Leyendo una entrevista a Eric Adams, cantante del grupo de heavy-metal Manowar, en la web de www.mariscalrock.com he encontrado que ademas de músico es instructor de caza con arco del estado de Nova York.

Debido a que es cantante de un famoso grupo de música que arrastra milers de seguidores allí donde va me ha hecho gracia que hablase de la caza con arco en una entrevista. Aquí os pongo el trozo donde habla de ello:

Una última pregunta: ¿Comes lo que matas? (ndr: hace poco se acaba de publicar un dvd donde Eric lo único que hace es dedicarse a cazar animales y enorgullecerse por ello).
“Claro que sí. Y cuanto mi frigorífico está lleno, los sobrantes se los doy a amigos. Nada se desperdicia. Yo no mato para hacer deporte. Soy un instructor diplomado de caza con arco en el estado de Nueva York y hay que seguir unas reglas. No puedes matar cuando quieras y como quieras. Hay que seguir las normas porque si no, el ecosistema entra en desequilibrio. Si matas demasiados animales quitas la comida a sus depredadores y si no matas a ninguno, ellos pueden multiplicarse tanto que acaban con la fauna de una zona”.

¿Por qué cazas con arco?
“Porque cuanto cazas con escopeta, no le das la oportunidad al animal de defenderse. Le das desde una distancia de seguridad y ya está. Pero con el arco tienes que acercarte bastante, tener cuidado para que no se percate de tu presencia y por supuesto tener pericia con el arco. Es todo mucho más tenso. Cuando ya tengo al animal dentro de mi alcance y el arco está estirado al máximo y la flecha está a punto de ser disparada, puedo decidir si lo voy a matar o no porque para mí ya está muerto”.

¿Y te ha pasado algún percance?
“Claro. Una vez un jabalí me olió porque de repente había cambiado el viento, giró y vino directamente hacia mí. Tuve que correr a toda leche hacia un árbol y trepar hasta que pasara el peligro (risas)”.

El Sueño de África


Estas son unas breves notas de un viaje de caza a África, un safari en Namibia, de unos amigos que había soñado desde siempre con el imposible de despertar en África. Todos reservaremos en nuestra memoria un lugar importante para esos días en los que la luz, el olor, el viento en nuestras caras y la enorme abundancia de vida, dejaron una huella indeleble en nuestras almas de cazadores y de hombres. Como cazador viví la pasión de dedicar de 12 a 16 horas cada día a cazar, a ver la fauna, a respirar la oportunidad de vivir aquel momento, a abordar el acecho, el aguardo, el pisteo, vibrando en cada lance, sudando de pura emoción, viviendo desvelado las vigilias esperando la salida del sol arrullado por los mil sonidos de la noche. Pensé en mi familia, en mi esposa y en mi hija, en cómo se lo iba a contar todo, y me acordaba de mi arco. Mi arco dormido en España al que le negué este viaje. Como hombre, la reflexión sobre la vida, su origen y conservación, la dignidad del hombre ante la adversidad y su ridícula pequeñez ante la enormidad de un lugar donde nos hicimos cazadores y con ello humanos.

¿Por qué África como destino?

Tengo que aclarar que no me considero un “pureta” pero sí que deploro y me niego a practicar la caza con ventajas innecesarias. Ello me lleva a no cazar en fincas cercadas, sobre especies introducidas o exóticas, no ir a sueltas ni cazar animales de “plástico”. Para mi cazar es mucho más que matar; es ponerme en el sitio de la pieza e intentar ganarle la partida.

Digo esto porque dudé largo tiempo ir a África de caza. He leído a los clásicos de la caza africana (Boddington, Pallejá, Heminway, Tatay, Pondoro, etc.). Tengo y tenía la idea de cómo era la caza en el Continente Negro. Las lecturas y comentarios de cazadores recientes, de enormes homenajes, de cazas concentradas, en fincas cercadas, domeñadas, más o menos grandes, de especies tan dispares e imposibles como órix, sable y waterbuck me hacían rechazar la posibilidad de irme allí de caza. Pero por otro lado es tal el influjo que aquellas lecturas de mi infancia (Del monte Kenia a El Cabo, Al sur del Lago Chad, Las nieves del Kilimanjaro o White hunter, etc) que no pude resistirlo.

Debo decir que fue gracias a los comentarios de un colega y amigo, un hombre curtido en mil viajes de caza por todo el mundo, que me decidí a dar el gran paso. Me aseguró que en Namibia, y con alguna persona concreta, era posible plantearse si no un Safari como los de antes sí algo natural y limpio a la par que económico. Así contacté con Fredy, un gran personaje en todos los sentidos, y le comenté mi idea: quería combinar caza y conocer algo de su país, ver la naturaleza y cazar, pero sólo especies nativas en lugares donde no se practicase el “ranching”.

Esto del ranching consiste en que hay fincas denominadas “game farms” o granjas de caza, en las que se cría o repuebla con animales criados expresamente para ser cazados. En muchas ocasiones los animales ni han nacido en la granja, sino que proceden de otras, a veces tan alejadas que son incluso de otros países. En otras la diferencia es tan sólo una cerca que ellos, ignorantes de su destino se empeñan inútilmente en cruzar. Así es posible que en una hora se pueda cazar un waterbuck o antílope de agua, propio de zonas riparias, y un orix, propio del desierto de Namib y Kalahari. En condiciones naturales es absolutamente imposible. Llegan estas granjas a adquirir leones viejos a los zoológicos y circos para que un turista se dé el homenaje de hacerse con el pellejo de un viejo león de melena. Huelga decir que esto me horroriza.

Así las cosas Fredy me aseguró que no había problema que era posible. Cazaríamos con las mínimas ventajas, en fincas cuyas cercas no sobrepasasen el metro de altura y sólo sirvieran para contener al ganado.

En Namibia la mayoría del territorio tiene algún aprovechamiento ganadero con vacas cruzadas de cebú, ovejas de razas nativas como la Damara, y cabras. Pero es una ganadería poco eficiente por la carencia de agua. Las especies locales de rumiantes son por el contrario muy eficientes en el uso de los recursos, pudiendo soportar -sobre todo el orix y springbok- la enorme sequía de aquel territorio.

Otra gran cosa del planteamiento de este viaje es que me sacudí de encima a cualquier intermediario, tanto en la gestión de los billetes de avión como en la compra del paquete de caza. Aún es posible obtener mejoras, pero eso lo acaba dando la experiencia. De este modo conseguí para mi y un par de amigos un safari bastante asequible, y lo que es mejor, con una nivel de calidad excepcional.

Decía al principio que no me llevé el arco… pues cometí un enorme error. Y no me lo llevé porque no quería caer en la trampa de los atajos. No quería ir a un blind horas y horas, esperando a que un kudu viniera a comer alfalfa a mis pies o pensar que el faco estuviera medio domesticado cuando le fuera a soltar la flecha. No sé… después de algunos comentarios y de muchos de los videos que he visto de África se me ponían los pelos crespos. ¡Y eso que algún amigo no callaba de incitarme a echar el arco! En su lugar me llevé mi rifle y una vieja escopeta paralela curtida en mil batallas.

Toda una experiencia: La magia de África.

La experiencia ha sido… uff… difícil de explicar. Supongo que más de uno ya ha estado allí y habrá visto de todo o casi de todo, pero para mi ha sido un sueño… El sueño de África (jejeje… otro libro sobre África leído, éste de Javier Reverte).

He tenido la fortuna de poder ver leones, leones de verdad. De verlos cazando un spingbok a unos 30 metros de mi posición y luego comérselo mientras otros 8 leones, entre cachorros y adultos se solazaban a nuestro alrededor.



He vivido la magia de la luz en el Veld en la zona central del Namibia, en el desierto del Namib y en las zonas de sabana próximas al Kalahari.


He podido ver la enorme diversidad que es capaz de albergar un paisaje árido, en el que el agua es un tesoro.

He podido oir y ver la magnificencia de un mundo que creía imposible y condenado a la TV.

Los he visto muy de cerca, salvajes, enormes, poderosos.


He visto la enorme desolación del desierto, la vida sin agua, he sentido el temor a la soledad, la nausea al vacío. Pero también e visto como surge la vida, como palpita en sus arenas.

Y hemos podido cazar animales libres, esquivos, difíciles a pesar de abundantes.

Facocheros, sólo machos, escasos y muy, pero muy listos. Los machos tenían usía.

Al animal más orgulloso de África: el kudu.


Al más duro y listo aunque abundante: el orix. De nuevo sólo machos.


A algunos de los más pequeños y graciles como steenbok y duiker. Creo que son ambas especies muy adecuadas para el desafío del arco.

Hubo más -hartebeest, springbok, cebra, gato salvaje, gallinas de guinea, ortegas, cordornices, francolines, tórtolas- pero no os aburro.

Una vez allí y con la serenidad de haber visto lo que vi, siento no haber llevado mi arco recurvado. La caza menor -conejo, liebres, gallinas de guinea, francolines y tórtolas- son cazables tanto en recechos como en aguardos. Con un guía bueno -como el boer que me acompañó, que era también arquero- es posible afrontar recechos en los que nos coloquemos a 30 metros de un orix – cacé el orix a unos 20 metros después de un rececho de infarto- o un kudu. En las esperas, sabiendo plantearlas creo que no es difícil poder disparar a un faco -si uno no es muy selectivo, eso sí- a 10 metros (el mio lo cacé a esa distancia más o menos). Como dije, steenbok y duiker, recechando despacio por el “bush” no es complicado situarse a menos de 15 metros.


Veo mucho más difícil poder tirar a un springbok o un hartebeest sin utilizar un blind y alguna forma de atraerlos. Los encontré recelosos y esquivos. Siempre en rebaños y al final son muchos los ojos vigilantes.

Apuntes sobre detalles de la caza en Namibia.

Muchos piensan que en el sur de África sólo se caza desde un coche, allí llamados “truck”. El Veldt es complicado. Todo pincha y ver a distancias de más de 200 metros es casi imposible. De ahí que te veas en la necesidad de utilizar esos vehículos. El problema es que a África se suele ir ya con cierta edad y en esto del arco, a pesar de vender que es un desafío, hay mucha gente que quiere facilidad. Creo que África da abundancia, eso quiere decir oportunidades, facilidad es otra cosa. El asunto es dejar claro que te quieres bajar y cazar a pie. Ellos saben hacerlo y lo hacen muy bien. Es muy curiosa la reacción de los orix o los hartebeest ¡Ellos son los que te intentan caza a ti! Desde que te ven su huida consiste en ganarte en aire, colocarse a tu espalda. Se saben así más seguros. Por eso la técnica de caza a pie es distinta a la que normalmente afrontamos aquí. Evitar el ruido es casi imposible. Se trata más de atajarlos en su ruta trazando un arco inverso a su avance.

Es posible cazar con auténticos bushmen. Me relataba Werner, el hijo de Fredy y también PH, una anécdota. Estaban en el Kalahari intentando cazar leopardo y eland. Charlaban con el cliente sobre lo complicado que era aproximarse en ese medio a la fauna. Mientras el bushman que les acompañaba permanecía como ausente. Fredy le tradujo la conversación y le preguntó su opinión. En esa zona del Kalahari domina la vegetación el camel thorn tree, una especie de acacia con enormes espinas que vertebra la alimentación de buena parte de la fauna. Es un árbol cuya hoja alimenta entre otros al duende gris del bush: el kudu.

Aquel pequeño bushman decidió que aquellos blancos necesitaban una lección. Se levantó, pidió Fredy y al turista que le acompañasen. Se asomaron a un alto y otearon hasta ver un macho solitario de kudu. cuando lo vió el bushman se despojó de lo poco de ropa que llevaba, tomó una navaja roñosa, desgastada de mil veces afilada, y se introdujo en el bush, descalzo y en pelota picada. Al poco Fredy vio al kudu pegar un respingo y arrear a correr. El turista se sonrió; el bushman se había tirado un farol. El pequeño hombre del bosque apareció como por ensalmo, serio como son ellos, en su mano derecha la navaja abierta y en la izquierda el rabo del kudu.

Por cierto, estuve viendo arcos y flechas de los bushmen. Son como de risa. Los arcos diminutos y las flechas muy rústicas. Cazan por aproximación, ahí no hay un tiro rígido posible a más de 8 ó 10 metros, incluso menos. ¡si oyeran nuestras cavilaciones sobre IBO, ftps, etc!

Los animales del bush tienen auténticas corazas para poder vivir entre tanta espina. ¿Cómo es posible abatir un orix o un eland con un arco de juguete? La solución es la raíz de la moringa. Su savia es altamente tóxica, un veneno neurotóxico mortal a dosis bajas. Con ello impregnan las puntas de caza. una leve herida en cualquier parte del cuerpo ocasiona la muerte de la pieza. Luego cortan algo de la carne de alrededor, la desechan y se comen el resto.

Los Bushmen nunca cazan piezas grandes, salvo con ocasión de fiestas y convites. Sus presas habituales son el steenbok y el duiker. Raramente cazan un eland que pesa 700 kg. Es un desperdicio. Nunca cazan nada que no se vayan a comer. Son maestros insuperables en el seguimiento de huellas.

Para la caza del leopardo por lo visto no hay nada como un bushman y dos o tres perrillos. El pequeño hombre del bosque sigue la huella del gato. Si el gato de percata o ha vivido esto antes será él el que empiece a cazar, de ahí que sea importante finalizar con éxito el lance. Cuando el bushman sabe- y nadie sabe el porqué- que el leopardo está cerca suelta a los perrillos que pronto acosan e inmovilizan al gato. Es momento de correr como un poseso. El tiro no es difícil, tan sólo contener los nervios.

Otra cosa interesante de estos hombrecillos. Su organización social es muy elemental: un núcleo familiar con dos o tres hombres cuatro o cinco mujeres y algunos chiquillos. Estos son su mayor riqueza. De ahí que las armas, en especial las flechas nunca estén cerca de donde ellos viven. Permanecen escondidas, por lo general colgadas de algún árbol alejadas del punto en que en ese momento estén viviendo.

La lástima es que los Bushmen se mueren. El gobierno de Bostwana, donde vive la mayoría limitó en el pasado de forma severa sus derechos de caza en el Kalahari. Parece que ahora se ha replanteado el problema, para muchos no hay marcha atrás. Muchos se entregaron a una vida impropia y occidental. Acabaron en el abismo del alcohol que devora a África, el VIH y el olvido de las viejas tradiciones. Sabe mal ver a un pequeño hombre del matorral vistiendo un uniforme de camarero rodeado de enormes matebeles. Diez o quince años han hecho un mal enorme que ni siquiera las sucesivas invasiones bantúes habían logrado. Una lástima.

África ha sido una revelación, no sólo por la caza sino por la vida, por la forma de vida de los hombres y por la abundancia de su fauna. Un sueño. El sueño de África.

Stag

Reglamento de recorridos de simulación de caza con arco

1. FINALIDAD
La finalidad de los Campeonatos de España de Caza con Arco es la de promover y valorar el espíritu deportivo del cazador, sus cualidades y conocimiento, así como la educación venatoria del mismo y la habilidad en el manejo del arco mediante una competición de alto nivel, que ponga de manifiesto los aspectos educativos y técnicos de la caza y que aspire a la enseñanza de los
cazadores, respetando la naturaleza y su entorno. Las pruebas de los campeonatos se regirán por las normas contenidas en este Reglamento.

La convocatoria anual podrá completar, aclarar o modificar estas normas. Convocadas las pruebas no podrán ser alteradas las bases de las mismas para el Campeonato al que se refieran.

La Federación Española de Caza será el único organismo competente para resolver cuantas incidencias surjan en estos Campeonatos, o se relacionen con los mismos a través de la Comisión Nacional.

Las normas de funcionamiento elaboradas por la Comisión Nacional, su composición y competencias serán las que la Federación Española de Caza determine.

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Elección y preparación de un puesto

Una buena idea el intentar traspasar una experiencia de años al alcance de un neófito. Todo lo que aquí se explique será mi punto de vista personal, y experiencia, después de unas cuantas esperas, sufriendo y pasando penalidades y situaciones adversas, y ¿por qué nó? también agradables momentos detrás de este venerable “muchacho de la vista baja” con el que todos soñamos, poquísimos conseguimos y muchos no llegamos ni siquiera a verlo.

La verdad, no sé por donde empezar. Estamos ante uno de los más enigmáticos, impredecible y bravo animal de la fauna española: El Jabalí. De costumbres nocturnas, erráticas y nunca fijas, especialmente los grandes machos. Un contrincante temible, fiero y a la vez hermoso dentro de la tosquedad de su fisonomía.

Hemos de partir de la base de que cuanto más creemos saber sobre él, menos sabemos y más sorpresas nos dará. Cada vez aprendemos algo nuevo sobre él. Quizás, para poder entenderle, para poder comprender algo acerca de su biología, lo mejor será partir de la base de que es un animal que no tiene reglas, o pautas de actuación fijas, como sucede con muchas otras especies animales.

Sentadas estas premisas pienso que podemos pasar a dar algunas nociones mínimas acerca de la elección de un puesto de espera. Podemos hacerlo sobre una trocha, una baña, un cebadero… etc. Lo más importante, y básico para mí, es conocer profundamente nuestro territorio de caza. Otra cosa que hemos de tener en cuenta, es que estando ante un animal errático como este, nunca estará en el mismo lugar; dependiendo de la época del año lo podremos localizar en un lugar u otro.

Hay muchos detalles que “cantan” acerca de la presencia del jabalí, creo que todos los conocemos, pero cuando se trata de un venerable y canoso solitario, la cosa cambia. Los grandes machos suelen ser solitarios; viven una vida de ermitaños en lo más profundo del bosque y sólo saldrán de allí para cumplir su primordial misión que es la perpetuación de la especie. Cualquier encuentro con uno de estos “macarenos” fuera de la época de celo, lo podremos considerar como, prácticamente, casual. Habrá veces en que veamos rastros de su paso, en otras solo la intuición, y observación minuciosa de la zona, nos avisará de su no muy lejana presencia…

Como detalles que nos indican la presencia del suido, en una “baña” por ejemplo, es el estado del agua, su turbiedad (esta nos indicará el momento de la noche en que la ha visitado); siempre ha de haber un árbol cercano a la “baña” donde ellos acuden a restregarse, la altura de la marca de barro nos indicará el posible tamaño del animal; los pelos que encontraremos, también; si hay cortes, y su altura, nos indicarán la presencia de un macho y su importancia en función de la altura, y anchura de los cortes efectuados en el árbol.

Lo “arado” que esté el suelo, nos indicará que han estado por allí; por lo general suelen volver a estos sitios. Atención a la consistencia de la tierra suelta, sabiéndola interpretar nos daremos cuenta de si es de esta noche pasada o de algunos días anteriores.

Como se puede ver, hay muchos detalles a tener en cuenta a la hora de elegir el posible emplazamiento de una espera. Yo baso esto en una exhaustiva observación del terreno y comentarios con los naturales del lugar. Esta última es una inestimable fuente de información y que habremos de tener siempre en cuenta.

Una de las premisas que sigo siempre para la colocación de un puesto de espera es que el lugar donde vaya a colocar el tree-stand sea una zona cubierta, donde el jabalí esté tranquilo y confiado, donde no tenga que salir al claro en el que se encuentra receloso y su entrada será siempre en alerta y desconfiada; provocando cualquier pequeño revoque del aire o ruidillo una franca huida. Si el área de caza es abierta, habrá que fijar, al tree-stand, una cadena de seguridad para evitar que los “amigos de lo ajeno” se lo lleven.

En la colocación del tree-stand se habrán de efectuar exhaustivas pruebas previas a su asentado definitivo con el objetivo de eliminar cualquier fuente de ruido; incluso de abrir el arco varias veces, y en todas direcciones, para comprobar que no nos va a molestar nada en el momento de la apertura definitiva; los ruidos efectuados en el silencio de la noche se oyen a mucha distancia y suenan como verdaderas sinfonías en “do mayor”, alertando a cualquier ser vivo que se encuentre en un radio de distancia bastante amplio. Que podamos estar, tanto de pie, como sentados sin que el tree-stand empiece a “sonar”. Con el tree-stand, colocado a una altura suficiente, podremos situarnos a distancias inimaginables de tiro, pero para ello habrá que haber efectuado lo anterior y, además y muy importante, efectuar los cortes de ramas justos y necesarios en el árbol, intentando dejar cobertura vegetal debajo nuestro. La premisa es integrarnos dentro del entorno y no destacar en el árbol; aunque sea de noche.

No me cansaré nunca de repetir que los que usemos tree-stand tengamos presente la seguridad ante todo:

-pongámonos los arneses de seguridad siempre.

También es posible hacer puestos a nivel de suelo; pero estos deberán estar a una distancia prudencial debido a las corrientes de aire nocturnas y posibles ruiditos efectuados al movernos. El aire es otra de las cuestiones básicas a tener en cuenta en la elección de un puesto de espera. Se habrá de preguntar a los nativos de la zona, o estudiar por nuestra cuenta, cuales son los movimientos de la brisa nocturna en el lugar que pretendamos efectuar la espera. Aunque, como indicación, la brisa nocturna suele descender por la noche; en una garganta, es difícil que la brisa sea fija y en un llano puede venir de cualquier sitio.

La espera suele ser larga; tengamos esto en cuenta y preparémonos para ello. En ocasiones habremos de estar muchas horas; en otras, toda la noche, y en las menos, poco rato. Cualquier postura cómoda con el paso de las horas se vuelve incómoda. Solventémoslo de la mejor manera posible y no convirtamos en una tortura china unas agradables horas pasadas en soledad y bajo el inmaculado manto nocturno del cielo, con sus millones de estrellas y constelaciones; oyendo el monótono canto del búho real o el lúgubre, y largo, sonido del cárabo en su nocturno deambular…

Uno de los grandes enemigos del “esperista” es el frío invernal. Este se encarga de hacer una selección natural entre los auténticos “esperistas” de vocación y aquellos que solamente suelen practicar la espera en épocas más favorables del año. Por lo tanto habrá que combatirlo adecuadamente y vale la pena, en la medida de nuestras posibilidades, no mirar el precio en ello. Mi opción para ello es ropa interior térmica de alta montaña, en grueso expedición, para la parte superior e inferior del cuerpo; calcetines de lana y botas con gore-tex. El pantalón que uso es uno de doble cámara, en Realtree Advantage Timber; son caros pero me mantienen el calor durante muchas horas y yo suelo padecer de frío en las piernas. Una camisa normal y una cazadora estilo “bomber” de Mossy Oak, de las “insulated”; las que llevan relleno y que provocan una bolsa de aire entre el exterior y tu cuerpo. Esto es lo mínimo que suelo llevar y me ha dado buen resultado en noches, incluso, bajo cero y con heladas alrededor mío; y que además me permite efectuar una buena apertura del arco. Por supuesto, los consabidos guantes, los cuales suelen ser finos, y la gorra, para difuminar nuestra redonda cabeza y no perder demasiado calor por ella.

Por último, y para terminar ya, tratándose de un puesto elevado, debiéramos de tener algo en donde poder colgar la mochila, arco, carcaj, etc. ya que todo este material ha de estar con nosotros. Una cinta rodeando el árbol, con ganchos colgando nos puede ser de inestimable ayuda. Habremos colocado los correspondientes escalones para poder subir y bajar, cuidado con ellos en la oscuridad nocturna, usemos luz para ello; nos puede servir perfectamente para nuestro cometido las lámparas de montañero que se colocan en la cabeza tipo Petlz o Black Diamond, de calidad contrastada y asequibles en su coste. Yo suelo usar de los que se fijan el tornillo en el árbol y te puedes llevar el escalón a casa. Para aquellos que dispongan de ellas, dan un resultado magnífico las escaleritas de aluminio que se utilizan en Norte América para subir y bajar del árbol; suelen ser de varias piezas (3 ó 4) de un metro cada una aproximadamente y dependiendo del fabricante.

Otro de los gadgets que nos puede ayudar en la elección de un puesto de espera es el “blind”. Tal como podéis ver en una de las imágenes, no se trata más que de una pequeña tienda de campaña con un camuflaje exterior (en este caso un Trebark Deception); que es posible montar y desmontar en unos pocos segundos (15 seg. como máximo) y que se puede colocar en casi cualquier lugar. Consta de varias ventanas laterales por las que poder vigilar y efectuar un disparo, si fuera menester, en condiciones y una ventana frontal más grande. Por regla general sólo admiten dos personas. El modelo de la imagen es un Double Bull Archery de las series T2, con un pequeño, e ingenioso, sistema interior de montaje y desmontaje por unas varillas de aluminio, aunque hay más fabricantes. Los “blinds” están más indicados hacia una caza diurna.

Una norma recomendable, en su aplicación, es llegar y salir del puesto en silencio. Habremos de evitar también, y en la medida de lo posible, pisar la “plaza” donde se va a jugar el acto natural de la predación para llegar a nuestro puesto, entraremos por una zona ya predeterminada antes y por la que sabemos no va a entrar el jabalí por allí; aunque con estos nunca se sabe.

Lo demás será cuestión de pasar horas y horas en el monte. Esta experiencia nos dictará lo que nos será útil y lo que será superfluo. Ella nos indicará como comportarnos en el momento supremo, a saber jugar nuestras cartas y aprender a soltar en el momento oportuno y en las más favorables condiciones para nosotros y malas para nuestro “invitado”. Aprendamos de ellas, de lo que nos dice la Naturaleza.

Seamos consecuentes, responsables, y actuemos correctamente para con este ser que nos va a entregar lo más preciado que tiene: la vida

¡¡Buena caza!!

Jordi Poles

http://www.club-caza.com/arco/portada.asp